Vie20102017

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Diario de un candidato

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LucioTeran

9:00 a. m.

Me levanto excelso. Ya en el baño, tras cepillarme los dientes, sonrió a la persona del espejo, sus dientes refulgen más que ayer. Guiño un ojo picaronamente mientras me peino el pelazo de flequillo rampante.

Me visto con elegancia, pero sin corbata. Para todas las clases sociales. Por cada promesa electoral, siete centímetros menos de tela. El puño de la manga no me llega al codo. A estas alturas de campaña la chaqueta ya me queda muy justa. Strip-tease electoral.

11:09 a.m.

Salgo a la calle. Respiro hondo. Uhmmm, huele a éxito electoral.

Esta mañana repartiré dípticos a cascoporro. He mejorado un 30 % mis saludos cordiales a viandantes que no suelo ni mirar durante el crudo invierno de la legislatura. Nos han aconsejado que nos dejemos caer por las terrazas de las cafeterías y que nos incorporemos de inmediato para dar un 20% de palmadas en la espalda. No pago ni un café.

 

14:17 p.m.

El almuerzo va acabando. Me toca hablar y me libro de los postres; menos mal. Todos los candidatos llevamos toda la campaña comiendo hojaldre: con merengue, con crema, con bizcocho, en almendrados, en polkas. Todos los políticos somos muy de Torrelavega, incluso Johannes Svenson, del FPJ.

Mi discurso ha resultado convincente: «Las circunstancias inherentes al contexto social de orden planetario, condicionado por las nefastas políticas de nuestro rival han provocado la apatía y la tristeza en un marco de reminiscencias históricas que lastran nuestro futuro y condicionan la dialéctica materialista que imposibilitan la ruptura de las superestructuras». Y menos mal que lo llevaba escrito.

15:15 p.m.

Siesta

18:30 p.m.

Esta tarde me toca vigilancia. Estoy en la plaza. Oh, unos contrincantes repartiendo globos y papelotes. No, no; he de defender mi territorio: me sitúo a cinco metros y empiezo a mirar a esos recién llegados con mi mirada «Elegisteis mal día para pedir el voto». Mi súper poder funciona y logro crear un área de aislamiento electoral invisible: nadie se acerca a pedirles globos. Llueve a raudales.
Han pasado tres horas y ya me duelen los músculos de mantener mi mirada intimidatoria.

21:53 p.m.

Mi jefe de gabinete me comenta que los sondeos demuestran que los demás candidatos están menos valorados y son más feos que yo. No obstante es aconsejable que participe en el debate televisivo de esta noche.

Va a empezar el debate. Me prometo llevar la contraria a todos los demás con más pasión que nunca. Mi equipo de colaboradores me anima: «Te los vas a comer crudos», «Eres la medicina para las dolencias de esta ciudad», «Alea iacta est», «¡Vamos!», «La mayoría está contigo». Saco pecho.
Durante todo el debate hablo con fingida desgana y con la mirada en la lejanía, como si no me importaran los demás candidatos. No me interesan los demás candidatos, ni el moderador, ni el público asistente.

23:00 p.m.

El debate ha sido atractivo. La candidata Cuqui dijo que «esto no puede ser» y yo repliqué que «puede ser si se pone voluntad». El cabeza de lista Pepe Toño me recriminó que «las cosas van muy mal y eso», y no pude por menos que recordarle que «nosotros haremos por que la cosas vayan bien y así». Ningún rival se atrevió a replicar mi última intervención: «Me propongo poner en valor la marca Torrelavega creando las sinergias necesarias para crear elementos dinamizadores de los agentes sociales y económicos».