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CCOOGuillermo

Las horas extras no pagadas son una forma de explotación laboral más allá de la precariedad. La recesión económica ha provocado, junto con una profunda destrucción de empleo y aumento del desempleo, un fuerte descenso de las horas extras trabajadas, que se ha concentrado sobre todo en las horas extras pagadas (han caído a la mitad, dejando de ser las mayoritarias). Mientras, las horas extras no pagadas se han mantenido y en 2015 supusieron ya la mayoría (el 56%) de los 6,3 millones de horas extras trabajadas a la semana. Las horas extras pagadas han mostrado una evolución más coyuntural, ligada al ciclo económico, mientras que las horas extras no pagadas mostraban un comportamiento más estructural y un menor grado de fluctuación por la recesión económica. La mayor destrucción de empleo y de actividad en la construcción y la industria ha reducido su presencia en las horas extras en detrimento del sector servicios, que en 2015 concentra el 80 % de las horas extras no pagadas y el 67 % de las horas pagadas. Con la crisis ha aumentado en todos los sectores la proporción que suponen las horas no pagadas en relación al total de horas extras. En 2015 el 60 % de las horas extras realizadas en los servicios eran no pagadas, un porcentaje claramente superior al del resto de sectores.

La evolución de las horas extra no pagadas muestra un aumento de la explotación laboral durante la crisis, que se ha consolidado en el inicio de la recuperación económica. Una parte de la mejora de la productividad por trabajador y de la devaluación salarial del factor trabajo se explica por esta evolución de las horas extra no pagadas. Al inicio de la crisis se redujo el número medio de horas extras no pagadas en relación al total de población asalariada, posiblemente ligado a la destrucción de puestos de trabajo en situación de mayor precariedad y explotación laboral. A partir de 2011, comienza a recuperarse la proporción de horas extras no pagadas por asalariado, que en 2015 se sitúa en niveles superiores a los de 2008. La intensidad de horas extras no pagadas se sitúa en 0,24 horas por asalariado a la semana. Algunos sectores superan claramente la media: actividades financieras y de seguros, información y comunicaciones o actividades profesionales, científicas y técnicas; mientras que otros se sitúan por debajo: empleo doméstico, agricultura y ganadería, sanidad y servicios sociales y actividades administrativas y servicios auxiliares.

Apenas hay coincidencia de trabajadores asalariados que simultaneen horas extras pagadas y no pagadas: hay asalariados que trabajan horas extras pagadas y hay otros asalariados que además de su jornada se ven en la obligación de realizar horas extras no pagadas. Los asalariados que trabajaron horas extras no pagadas hicieron un promedio de 8,8 horas no pagadas a la semana. El 59 % de los trabajadores que realizan horas extras no pagadas son hombres, que además realizan un mayor número medio de horas extras no pagadas (9,7 horas/semana) que las mujeres (7,5 horas/semana), por lo que concentran el 65 % de las horas extras no pagadas que se realizan, frente al 35 % de las mujeres. No obstante, el peso de las mujeres es menor también entre las horas extras pagadas, donde solo concentran el 32 %, reflejo de una práctica laboral desfavorable a las mujeres.

Las horas extras trabajadas pero no pagadas conforman un claro componente de explotación laboral que, sin embargo, se aleja del perfil habitual de precariedad vinculado a una inserción laboral en peores condiciones. El abuso de las horas extraordinarias no pagadas es una práctica que se concentra muy mayoritariamente en el sector privado y en las ramas de actividad de los servicios, entre asalariados masculinos, con contrato de trabajo indefinido y con jornada a tiempo completo y que desempeñan principalmente ocupaciones técnicas, profesionales y directivas, aunque también hay otras ocupaciones relevantes como trabajadores de restauración y comercio o conductores.