Mié13122017

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Los premios Goya

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Frederic-Larsan


Son las tres de la tarde (pi em) en la gran manzana. Hace un día gris y desapacible y Agador y yo nos encontramos imbuidos en la inutilidad de una tarde de domingo como otra cualquiera. Estamos viendo la gala de los premios Goya vía satélite sorprendidos un poco de que todos los galardones se los den a una película muda. Hasta a mi fiel y turgente secretario le chirría un poco que la triunfadora de la noche (tarde para nosotros), sea una película "original(?)", muda, en blanco y negro, y curiosamente como "The Artist", triunfadora el año pasado en los "Oscar".

"¿Qué les pasa a los españoles, maestro. Se han quedado sin ideas?".

Le miro complaciente; a veces su cabeza hueca tiene ecos de súbita inteligencia. "Aga, querido, España es un país diferente, a todas luces. Y su industria cinematográfica, aunque les pese a algunos, no pasa por ser remakes de películas basadas en la guerra civil, la post-guerra civil, o la época del destape. Aún queda mucho resentimiento intelectual allí, en la tierra patria; incluso a nosotros, los de mi generación, que hemos nacido sin saber qué fue la dictadura".

Pero, señorito, "Lo imposible", que vimos el otro día, parece una película diferente...

"Cierto es, mi pequeño cubano, pero con esos tintes épicos que tanto venden en la cinematografía norteamericana. Si desglosas fotograma a fotograma, ¿qué encuentras? Nada más que recursos burdos para intentar impresionar al espectador mediante imágenes melodramáticas fuera de contexto. Recuerda lo que nos contó nuestro común amigo médico. Todos se desmayaban en la sala como moscas..."

Mientras le comentaba todo esto, algo sucede en la pantalla. Resulta que dos de los presentadores que acaban de entregar un premio a la mejor canción (mientras la imagen muestra a los galardonados bajando la escalera después de efusivos abrazos y besos), están comunicando que se han equivocado y que el premio anunciado es, sin embargo, para otros candidatos. A partir de ese momento todo se precipita. El speaker, muy profesional, atribuye el error a las cosas del directo como si hubiéramos viajado al pasado treinta años cuando Uribarri retransmitía el festival de Eurovisión. Los verdaderos premiados parecen querer compartir el galardón con los falsamente galardonados, de tan azorados que se sentían, y éstos, enfocados en primera plana de manera morbosa por el sagaz realizador de la gala, ponen aquella cara tan típica de aquellos que no encuentran un agujero en el suelo donde meterse, a camino entre el rictus de gilipollas integral y "me la han metido doblada".

Agador, con ojos como platos no para de decir "increíble", "increíble", mientras yo (que me jacto de haber visto de todo en esta vida), confieso que no puedo sino sonreír con una comisura hacia abajo como "De Niro en "Taxi Driver", ante una de las mayores meteduras de pata que he visto en directo en los últimos años.

"Dónde vamos a parar Aga, tenemos el país que tenemos", le digo, aunque mi nación, en realidad, no le pertenece bajo ningún concepto, puesto que, en realidad, jamás ha puesto un pié más allá del continente americano.

"Deberían llamarse los premios poya", me dice con una risotada inocente de niño pillo en medio del patio del colegio, "Uy no, los premios poya no, que me he equivocado de sobre, señorito", añade, coronándolo con una sonora y gutural risotada, que me complace, por su virilidad y candidez.

Y a mi me hace tanta gracia, que tengo que evitar sin embargo que se me note, mientras le reprendo moviendo la palma de la mano amenazador.

Ya ven, educar a las masas tiene estas cosas. A veces hay que mantener la compostura.

@fredylarsan