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Obituario

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LucioTeran

Este mes se cumple el centenario del cierre de uno de los medios de comunicación claves en la Ciudad Crujiente de comienzos del siglo XX. La última semana de noviembre del salía a la calle el postrero número del semanario Ayer Crujiente de la Vega. Los emprendedores que estaban al frente superaron no pocas adversidades durante dos décadas. Quizá la más importante fue que la dirección estuviera en manos de una mujer, doña Juana Alarcos de la Frontera y Picatoste; afortunadamente los tiempos han cambiado.

 

Quiero rendir mi más sentido homenaje desde esta sección para reinvindicar la importancia de este semanario, y porque este mes no tengo ninguna idea para el artículo que tengo comprometido.

Y como precisamente recordamos el centenario de la muerte del periódico, mi homenaje consistirá en reproducir –literalmente- el obituario de Dalmácides Dorestes , publicado en el último número con motivo de la muerte:

"Dalmácides Dorestes, afamado reportero local ha sido encontrado muerto antes de ayer al mediodía en su domicilio, sito en el número 14 de la calle Consuelo de nuestra ya centenaria ciudad.

El finado, que contaba ya con la considerable edad de cuarenta y un años, yacía en el centro de la cocina con una espumadera clavada en la sien derecha. El forense que le realizó la autopsia ha declarado: «Caramba, qué brutos ».

Dalmácides Dorestes era conocido no en la ciudad, y en toda la provincia, por sus exquisitas técnicas de cocina. Pero no solo era un cocinero de éxito, como así lo atestiguaba el éxito de su restaurante, La Colodra – casa de comidas, sino que también había publicado diversos artículos gastronómicos en la revista Tararí que te vi.

Polémico por naturaleza, uno de los textos que más revuelo causó fue el titulado «La puntilla en el huevo frito: objeto de deseo, no exento dificultad técnica»; en él afirmaba que muchos cocineros de la zona carecían de la destreza suficiente para preparar este tradicional plato de manera mínimamente digna, por lo que se habían decantado por incluir en sus menús huevos revueltos. Varios colegas respondieron a tal acusación con el artículo titulado «Qué más da puntilla mientras el huevo sea de corral y tenga yema abundante para mojar pan»; una afirmación de estos cocineros dolió especialmente a Dalmácides: le acusaban de freír en margarina y no en aceite de oliva.

El cocinero Dorestes también fue un adelantado a su tiempo. Fue pionero en combinar piña y chuletón de buey, crema de mantequilla y hojaldre, tomates y leche merengada, o almendras garrapiñadas y salsa de tomate.

Dalmácides Dorestes deja huérfanos a cuatro hijos de seis madres distintas. Pero no quedarán desatendidos. Se estima que su fortuna era de veinte mil reales, dos pisos, una finca rústica y tres pares de mocasines sin estrenar.

La capilla ardiente estará instalada hasta pasado mañana en la parrilla de su restaurante, cuyas brasas han sido apagadas con tal fin. Al cierre de la edición se contaban por miles los conciudadanos que habían querido mostrar su más sentido pésame por tal triste pérdida; especialmente afectados se mostraron los que le suministraban pescados y vinos, y que tenían pendiente de cobro los tres últimos pedidos.

En honor a tal relevante emprendedor de la ciudad, el Excmo. Alcalde ha declarado a este medio que uno de los pararrayos del tejado del ayuntamiento llevará su nombre.

Descanse en paz Dalmácides Dorestes, optimus pater, melior coquus".

No puedo por menos que emocionarme al leer estas líneas en la Hemeroteca Municipal. Ciudad Crujiente siempre ha estado marcada por pérdidas de personas irremplazables.